
Estaba de cuclillas entre el asiento trasero y una placa de metal, las naves industriales pasaban por el cristal.
El alquitrán, el seco y árido alquitrán podía tapizar la suela de mis zapatos.
Los destinos se fijaban en letreros sobre el tejado, y la carretera se perdía con la vista.
En un conocido proceder rutinario sabía donde acabarían frenando los neumáticos.
Llevaba en mis manos sueños sobre plástico, un hombre que fue libre y lo dejó firmado para contarme como un día, con unos amigos que yo nunca tendría, salió a recorrer el país natal que yo no tuve.
Y sus amistades eran breves pero sinceras, y el asfaltado que pisaba estaba hecho del mismo alquitrán que pisaba yo, y su vida era una fuga, y sus perseguidores cualquiera que creyera en la ley, y sus compañeros de huida cualquiera que solo aspire a amar a alguien y ser algo especial.
La vieja historia se reproducía hirviente en mi cabeza, como si la estuviera viviendo en ese momento un pequeño espíritu dentro de mi cráneo.
Llegaba al viejo buscador de voces limpias productoras de dinero y con sucia pero viva voz le hablaba de un pasado que no vibraba realmente en sus carnes pero como si sí, como si no, le permitía a su harmónica y a su guitarra vibrar de forma real una noche más…
¿Dónde va este coche amigo mío?
Depende de lo que me ofrezcas…
Hablo algo de español, tengo una guitarra…
Móntate, la vida te llama.
No, no era como nadie, porque nadie es como nadie, y tan sólo alguien es como alguien, y bebe lo que diga la publicidad, y aspira a ser de provecho para alguien más grande aún, y escupe cerveza sobre pequeñas cabezas, pero esa no era su historia, porque eso no es historia, eso era el cementerio nacional, y su generación necesitaba una voz que enterrara eso, no muy limpia, sino sincera y directa, que después volara entre ironía y comentarios que pueden dejar estupefactos a quienes buscan la realidad frente a frente, pero… A eso que llega a barrio muy bajo…
Esto esta lleno de drogadictos y alcohólicos, los pintores se deprimen, los poetas bebedores buscan la dirección jazz, los cantantes de folk buscan sus perras, ¿Qué más se puede desear?
La escena fue irrepetible, incluso inimitable, el mundo romántico había cobrado realidad e iba a gritar e iba a reclamar e iba a hacerse notar y estaba allí… Sin frenos…
Nadie iba ya a decir que ese camino no lleva a ningún fin, “No te creo, eres un mentiroso”…
¿Esto es acaso una historia de estrellas del rock? La tienda de ropa y guitarras te dará información de rockstars si eso buscas, pero ese trayecto es tan sustancial como que comía cada mediodía y dormía cada noche, voces en el Mississippi se querían hacer oír y ahí estaba el portavoz, que puede anunciar Coca-cola y no, que puede rezarle a Dios y no, pero yo cojo su canción, y sus bailes para sus compañeros de pista, al fin y al cabo yo soy un sentimental y confuso adolescente, y el sol entraba por la ventanilla golpeando mi ceño y haciéndome saber que alguien es alguien…
Sabía donde frenarían los neumáticos al terminar el día, y cuando sea el día numero seiscientos no se dónde frenarán, no se ni si frenarán, no se siquiera si estará vivo el pie que los acelere, lo que si sé es que no frenarán donde siempre.
Son muchas historias de trovadores infernales y pecaminosos.
Tengo la cabeza llena de cuervos y eso a la larga no es bueno, ¿Sabes?
¿Quién está aquí lavando mi cerebro? Dime que detergente usas porque me lo estoy pasando de puta madre, pero esto resulta muy real, ¿No iré a chocarme con algún arbusto pensando en ese bosque? Porque hasta ahora solo tropiezo con arbustos, espinosos y no, no estoy con mamá naturaleza, no tiene esto raíces en la tierra…
En vez de raíces esto tiene un cimiento de cadáveres amontonados y de cuadrigas de romanos y al fin, en blanco…